Cuando estamos hablando de una familia entera dedicada al negocio del chocolate (el de comer), tratando de imaginas como sería su casa, lo primero que te viene a la mente son las puertas de bombón, manecillas de galleta, mesas de turrón, fumaderos de opio en la habitaciones, lámparas de dulces de leche, y enanitos vestidos de blanco correteando alrededor de sus dueños.
Bueno, pues NO era así. Lastima hubiera estado bien. No había nada de chocolate, pero por lo menos la cena estuvo decente, eso si, había que agradecérselo al cocinero de l restaurante chino de Oñate, ya que los tuppers fueron preparados con mucho mimo y dedicación. Arroz rancio, patatas varias, y spaghettis disfrazados de fideos chinos. Pero no solo de eso vive el hombre. Las pizzas de Eroski no podían faltar, y como no! el helado del postre, que la temperatura ya ha subido de 15ºc. El punto negativo fue que en Eroski ya no comercializan las “bombas mexicanas”, todo un elemento tradicional en las cenas caseras.
El otro punto negro fue que al final se nos atascó un enanito feliz en el lavavajillas y nos fuimos de poteo sin el.