Una de las cosas mas confusas, es llegar a una ciudad, dirigirse a un taxi, que el taxista apenas te entienda.
Por lo general, estimo que los taxistas no tienen por que ser poliglotas. Que bastante tienen con aprenderse las direcciones de las calles a las cuales te puedes dirigir.
Curiosamente, hace un tiempo salió un estudio en el cual se indicaba que normalmente la capacidad cerebral no se ampliaba a partir de una edad, excepto el cerebro de los taxistas y de los conductores de grandes distancias, los cuales al necesitar aprender y memorizar continuamente nuevas direcciones, no paraban de estimular una determinada parte del cerebro, desarrollándola.
Pero luego llego el GPS, y se jodio todo.
Total, que a mi llegada del aeropuerto, me estaba esperando este taxista chino, un tio elegante y bien peinado con un coche muy bonito, si señor, pero el tío no me entendía, y lo peor de todo es que yo tenía la dirección apuntada, y el GPS no la reconocía.
En el fondo del salpicadero, destacaba el típico gato de la suerte que encuentras en cualquier todo a 100. Este movía su pata de arriba abajo, que gracioso el jodio. Pero el GPS no funcionaba, así que al final tuvimos que echar mano del mapa de la zona para aclararnos.
Depender de la tecnología tanto, nos puede dejar tirados, y no hay gato de la suerte que te libre de esta.
Estamos como para hacer mucho caso al Doctor Kawashima…
