Todos fueron personajes articulados y animados por Ray Harryhausen, un hombre que de niño soñó con mundos lejanos y criaturas fantásticas, y que de mayor, posibilitó que los otros chicos compartieran su portentoso mundo.
Más allá del 3D tan laureado y sobrevalorado hoy en día, la gracia de las criaturas creadas por Ray estaban el los propios de efectos especiales, denominados Dynarama. Que consistían, en construir a base de yeso y/o otros materiales en tamaño reducido las figuras inhumanas, para acto seguido animarlas mediante el procedimiento Stop Motion.
O sea fotograma a fotograma, filmando una toma por cada movimiento; esto implica que era preciso hacer veinticuatro animaciones únicamente para conseguir un segundo de película... Después estas miniaturas, mediante los correspondientes trucajes ópticos, crecen hasta el tamaño necesario y cuidadosamente se relacionan a conveniencia con los intérpretes, filmados aparte.
Este sistema, además de su enorme encanto artesanal, manifiesta la virtud fundamental de conferir a los personajes fantásticos su propia y personal dinámica, y que ha aportado en la historia del cine fantástico un elevado número de momentos fascinantes y característicos, tanto en los enfrentamientos entre hombres y monstruos cuanto en las luchas entre toda índole de seres fantásticos, cuyo cenit, en particular, recayó en Jasón y los argonautas, que igualmente constituye una de las obras maestras, en general, de Harryhausen.
A partir del libro de Apolonio de Rodas, esta película plasma con una fortuna singular el encanto de la épica legendaria griega, donde se pródiga en secuencias y creaciones fenomenales (la Hydra multicéfala, el ejército de esqueletos en lid con los argonautas, el gigante Talos resucitando, Poseidón ensanchando la senda marítima de los héroes entre dos barrancos).
Sobra añadir que con base en esta norma apenas hay criaturas en la obra de Harryhausen que respondan al triste recurso del “animal doméstico aumentado de tamaño” (como en el caso de “El increíble hombre menguante"). Al contrario, los seres fantásticos de este autor son singulares e insólitos, confirmen una morfología afianzada o nazcan por completo de su inventiva. E igualmente a causa de esto revelan manías, humor, alma... o sea, una personalidad. Por ende, alardean de su fortaleza y malignidad cuando irrumpen, recreándose en ellas antes de atacar. Sufren al ser heridos de muerte, a lo largo de patéticas agonías. Y en algún momento luchan dos de ellos, con la mayor aparatosidad posible.
Forzado por “el signo de los tiempos”y la llegada de películas como Star Wars y las nuevas tecnologías, fue relegado a dejar la profesión en la que volcara apasionadamente su vida. Harryhausen desde entonces robustece progresivamente su condición de intocable mito del Cine.
Aunque hoy en día, trabajos como los de Nick Park, hacen que el stop motion nunca se olvide.





