Lo que no deja de llamarme la atención es que las veces que he podido viajar de esta manera, siempre he coincidido en el vagón con un montón de abuelas.
Bueno, las abuelas pueden viajar como quieran, el hecho de poseer la tarjeta dorada siempre les da ese punto de ventaja que se omite en el resto de los mortales, y hacen bien en usarlo. La cuestión es que tanto los abuelos como las abuelas disponen de el, en ese caso, porque siempre coincido solo con abuelas?
A partir de aquí se podría abrir un bonito debate sobre la mortalidad en España y la tasa de longevidad femenina, pero este no es el momento….

De todos modos, no deja de parecerme curioso este hecho. Vagón grande, todo nuevo, agradable musiquilla de fondo, unos cuantos ejecutivos trajeados….y el 80% restante, abuelas con su chándal, exquisitamente peinadas, con tres capas de maquillaje, la revista del corazón y el tupper con la tortilla.
Además, no contentas con el amplio espacio que corresponde a cada plaza, se dedican a cambiarse de sitio y desplegar todo su arsenal entre las sillas colindantes, que cuando al llegar a una nueva estación van a ser ocupadas por sus respectivos usuario, tienden a ser vaciadas de una forma lenta y no exenta de quejas por parte de la abuela en cuestión, animando al pobre usuario a cambiarse de plaza para así dejar todo tal y como estaba…. así hasta que el vagón se va poco a poco llenando, y llegando al fatídico final, donde la dulce abuelita tiene que recoger todos sus bártulos y dejarlos donde corresponden.
Hubo un caso que llegado este momento, Doña Maria (como se hacia llamar) dulce octogenaria de ego desbordante y muy mala leche, cambia los trastos de sitio, maldice a la empresa por no disponer mas sitio para sus bártulos, y acaba pidiendo (exigiendo) colaboración de todo el vagón para dar solución a su problema de espacio. Eso si, tratando con cariño todas sus pertenencias, no vaya a ser que se le caiga el “Que me Dices” y se doblaran las paginas que estaba leyendo. Y por no hablar de su gato, el cual solo podía estar en su regazo, por lo que teniendo ambas manos “ocupadas” por el gato, el resto del personal del vagón tenia que lidiar con las pertenencias de la abuela, mientras esta se dedicaba a gestionar el espacio ajeno.
Ver para creer…..






